Jerónimo
el Abajao, fue un gran intérprete del cante jondo de primer cuarto del siglo XX
cuando los cantantes no eran todavía figuras ni siquiera cobraban apenas dinero
por cantar, no se subían a escenarios y su vida era sobria y algunos casi en la
pobreza.
Mi homenaje a estos hombres, grandes artistas que muy pocos apreciaban su arte.
Mi homenaje a estos hombres, grandes artistas que muy pocos apreciaban su arte.
LA SAETA
La
mística del dolor de un pueblo
Hay
algo tremendamente paradójico en Andalucía en lo que se refiere a la
manifestación de su religiosidad y que produce principalmente en Semana Santa.
Nos
encontramos con un fenómeno, único en su especie, de doble vertiente. Por una
parte Andalucía se viste con sus mejores galas haciendo alarde de plasticidad,
llena de arte exuberante y tremendamente barroco: luces, flores, joyas,
encajes, plata, oro, en conjunción verdaderamente única. Y al lado, conviviendo
con esta explosión de belleza, hay una sobriedad sobrecogedora, dramática.
No
es fácil comprender este fenómeno para quien no lo ha palpado, vivido, pero no
de forma ocasional. No es posible que esto lo entienda el visitante que va a
presenciar la Semana Santa andaluza, porque esta forma de estar es comparable a
cualquier otro espectáculo. Hay que adentrarse más con estas gentes para poder
entender un poco este fenómeno. No es cuestión de aprender en libros, no es
cuestión de que te lo cuenten. El espíritu andaluz encierra tantas cosas, tanta
problemática, en una palabra, tanta hondura y sentimiento que no es posible
captarlo de visita.
Ante
todo, el andaluz es un enamorado de la belleza y un barroco empedernido. Sirva
de ejemplo la belleza de sus patios, que por modestos que sean no les faltan
unas flores bellísimas y bien cuidadas aunque estén plantadas en una modesta
lata, y sus balcones y ventanas repletos de geranios o claveles reventones de
muy diversos colores.
Pero
también el andaluz es un ser tremendamente profundo, humano y sensible al
dolor. Por eso canta y por eso baila, no es capaz de expresar un dolor, una
pena, una situación adversa o también, cómo no…la alegría y la fiesta sin que
ello vaya unido a algo bello, estético, artístico. Son dos cosas que van
íntimamente ligadas: el dolor o la alegría a la expresión artística.
La
Semana Santa en Andalucía no es otra cosa que el resultado de su idiosincrasia,
no podría ser de otra manera.
Por
una parte tenemos una masiva manifestación folclórica en la que participa todo
el pueblo; es una fiesta llena de colorido y belleza. En contraste el momento
en que produce el canto de una Saeta, ese canto quebrado de dolor que es como un
dardo doloroso de profundo sentimientos y de identificación con el Ser preso, herido, torturado y muerto, y de
inmensa piedad hacia su Madre que sufre.
El
andaluz y sobre todo el gitano, bien sabe de esas penas que las ha sufrido en
sus carnes.
El
cante “jondo” es llanto, son penas, es “jondura”, pero en la saeta se sublima.
El
cante “jondo” es lo humano, la saeta es la “jondura” divina.
Es
por eso por lo que es necesario rodear el ambiente de belleza, y así las
lágrimas de dolor de una madre se convierten en brillantes purísimos al rozar
el rostro de la Virgen, porque una madre llora lágrimas de agua pero la Madre
de Jesús no, porque su plano no es humano, es divino.
Jesús
lleva el peso de la cruz, pero el andaluz engrandece ese madero y lo convierte
en una joya: valiosos taraceados, maderas preciosas, cantoneras de plata.
El
manto de la Virgen ya no es un simple trozo de tela, son magníficos terciopelos
con ricos bordados en oro y perlas, y en el caso de pocos recursos económicos
de algunas cofradías, siguen sin resignarse a poner un manto sencillo a la
Virgen y en su lugar fabrican con sus propias manos, flor a flor, unos
maravillosos mantos de flores de gran belleza y riqueza artística.
La
Saeta, cante derivado de los más puros cantes, canta por seguiriyas que es el
cante de las penas…pero estas seguiriyas hay que divinizarlas, hay que
engrandecerlas y entonces se prescinde de lo que distraiga del dolor que se va
a expresar y la guitarra enmudece y se queda la Saeta sola…
Es el momento en que
se produce ese canto doloroso y sobrio…Dramático.
Si
la belleza sublimada supone más belleza, el dolor sublimado supone más dolor:
He
aquí el tremendo drama y toda una filosofía de un pueblo: NO SE PUEDE DAR MÁS…
María
Dolores Velasco Vidal
Es
un trabajo original de M.D.Velasco
4 comentarios:
Siempre ha sido un canto al dolor, y así lo transmite quien lo canta, porque se hace a mi parecer desde el alma, de lo más hondo del alma. Pienso que no todo el mundo puede cantar así con ese sentimiento.
Un abrazo.
Hola FG, me alegra verte por aquí...
El cante jondo todo el mundo lo conoce pero nadie o muy pocos lo entienden. Este trabajo hace años que lo hice, es un ensayo para la asignatura de Folklore cuando estudiaba Pedagogía Musical.
Solo he puesto la parte explicativa como cosa de interés para el que le guste este canto.
Un fuerte abrazo muy grande!!
Dolores
Muy interesante todo tu contenido y el tema que compartes.
El sentimiento llega con esta manifestación musical y el baile lo complementa.(cantar una saeta creo que es dificilciisimo)
Muchas gracias por visitarme
Saludos.
Puede que llegue el comentario.
Muy interesante tu blog.
LO intenté de nuevo.
Gracias por tu visita.
Saludos.
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